AYER RECIBÍ ESTE CORREO DE MI AMIGO JERÓNIMO. CON SU PERMISO, SE LOS OBSEQUIO:
Amigo Canapé:
La historia que nos ha contado Canapé me recuerda algo que me dijo hace unos días mi abuelo Eduardo. Estábamos sentados frente al fuego de nuestra chimenea cuando el abuelo se puso nostálgico. “Quiero contarte la historia de mi primo Alberto Oropesa ,”El chorros”", me dijo mi abuelo con la voz temblorosa. ¡Y vaya historia que me fue a contar! Resulta que Alberto tenía (perdón si entro en detalles que puedan ofender a las buenas costumbres) una enorme verruga en la punta del pene. Esta verruga le tapaba parcialmente el orificio por donde sale expulsada la orina (el ojo del cíclope, para los cuates). El caso es que el pobre Alberto no podía orinar derecho ni en un solo chorro. Alberto orinaba en un ángulo de 65 grados hacia la derecha y el chorro salía en una especie de espectro semi circular. Irremediablemente, Alberto bañaba de orina el cuarto de aseo. Tan grande era el problema que Alberto recurrió al perro de la familia, llamado “Rulfo”. Rulfo era un feroz Poodle que gustaba de morder cosas. Alberto puso un poco de mantequilla de maní en la punta de su atroz miembro, se hizo el dormido y esperó. Rulfo llegó al poco rato y, sin más ni más, pegó semejante mordidón al pene de Alberto. El pobre hombre pegó un grito de alegría, pensando que la verruga había desaparecido. Pero la sorpresa fue terrible cuando miró hacia abajo y se dio cuenta que Rulfo había arrancado no sólo la verruga sino también el glande. Desde entonces, Alberto fue conocido como “El Tallos”.
Mi abuelo limpió, entonces, una lágrima furtiva.
Saludos (tristes),
Jerónimo Palencia y Velasco