Amigos queridos, entrañables:
Hoy he decidido no mandarles un texto de otro autor. Creo que ha llegado la hora de platicarles de mi primo Adusto Canapé y de cómo perdió la razón.
Adusto dejó la isla MacDonald siendo apenas un chaval de diez años. Construyó una lancha con tres troncos de palmeras y, usando un viejo vestido de la abuela como vela, se lanzó a la mar. Como era de esperarse, naufragó. Después de meses de vivir de una ballena que le dejaba morderle el lomo a cambio de favores (no sé cuáles exactamente), Adusto llegó a la costa Oeste de Australia.
Ahí, la civilización es casi inexistente. Algunas tribus aborígenes y basta. Así fue como Adusto decidió formar parte de una de ellas. Esta tribu tenía varias cosas extrañas: número uno, vestían de Smoking; número dos, su dios era una muy vieja nutria (también náufraga) a la que apodaban Napú. No tenían rituales, salvo uno y era sumamente escabroso: toda la tribu se reunía en un templo hecho de nueces y marmol a cantarle canciones a Napú durante dos días. Una vez terminado el ritual la cargaban y jugaban una especie de basquetbol con ella.
Adusto, sin embargo, se encariñó con su deidad y su tribu. Y ahí viene la desgracia: en el cuarto rito al que atendió, Napú se quedó atorada en el aro, se asfixió, volvió el estómago y murió. Adusto lloró lágrimas, lágrimas eternas.
Mi primo regresó a la isla. Pero ya no era el mismo. Solía cantarle a los perros y a los gatos y los peces. Les cantaba por días y después los cargaba y se los llevaba a la cancha de basquetbol. Hasta que un can lo mordió y le pegó la rabia y Adusto murió. Dios santo, qué dolor me causa escribir esto.
En fin. Quería que supieran esta historia lo antes posible, para que nunca idolatren a las nutrias.
Antes de irme quiero preguntarles algo: ¿no se les hace curioso que siempre que un argentino le dice a un no argentino que él es argentino, el otro responde "Ah, yo conozco a un argentino"?
Bueno, recuerden la lección de hoy, por favor.
Un saludo afectuoso
Molto Canapé
Jo, esta historia está muy extraña, pero hasta eso que me ha gustado, sólo opino que le faltó más. Está muy… verde diría yo. Pero esa es sólo mi opinión ok? ni que yo escribiera perfecto. Lo que dices de los argentinos, yo no conocía ningún argentino…
Bien, muchos saludos, bye!
No es ningún cuento, niña. Es la historia verídica del pobre de Adusto.
Que en paz descanse.
Hey! dije historia, no cuento, son diferentes ok? jaja y gracias por el dato de cualquier manera, ay Adusto, Adusto, Adusto… R.I.P. Pero te olvidas de la pobre Napú, también merece las condolencias, si es condolencias? no lo sé, pero no hay porqué excluirla del duelo.
Napú era una nutria desgraciada que no merece tus condolencias. Te lo digo porque la conocí.